Archive for the ‘NARRACIONES: Cuentos poco ilustrados’ Category

El chirriante sonido de la tapa del banco de madera me subyuga. Ya tengo un pie dentro, ahora el otro. La oscuridad me acoje, la luz se desvanece. Ya estoy dentro. Huele a rancia madera. Anuncios


Levanto la mirada, y allí está ella, presidiendo el centro de la sala. Una bata impoluta me recuerda que es la instructora. Sus pensamientos salpican mis neuronas aún extasiadas, hasta verse inundadas por la inexorable realidad: he de volver.


Las efímeras líneas que dibujan mis manos son registradas por mis atónitos ojos. Despierto de ese estado hipnótico: mis manos sostienen mi minúscula creación. Me deleito y enorgullezco.


Tal supremo conocimento se traslada a mis frágiles manos que obedecen las inequívocas instrucciones que dicta mi cerebro: busco la perfecta composición que encumbre a mi diminuta escultura a la deseable clasificación de arte.


Absorto por la energía creativa que infiere en mí, descubro en una de ellas su secreto: la proporción áurea.


Levanto la mirada y me percato de que: 1, 2, …, 3, 4, …, 5, 6 chavales de mi edad, casi clónicos, distribuidos en 3 bancos idénticos al mío, curiosean acompasados un juego de piezas de plástico igual que el que yo sostengo. Dirijo de nuevo la mirada hacia el mío.


Desprenden un áurea casi radiactiva. Blancura fluorescente que me invita a recogerla entre mis vírgenes manos y así poder acercármela para poder contemplar lo que deja entrever esa hipnótica áurea. La tengo ya cerca de mi vista. La contemplo con devoción. Recorro las aristas de la pieza mayor y sigo por una cualquiera de las […]


Me inclino hacia delante para evitar mayor contacto con las termitas. Bajo las palmas de mis manos, una hoja de papel en blanco ilumina mi tez. Allí un lápiz también de madera, con aspecto de no haber sido usado. Más allá, a un palmo de la blanca hoja, un kit de piezas plásticas: una rectangular […]


Huele a rancia madera. Una sensación que me traslada en el tiempo a alguna abandonada alcoba que debí frecuentar. Me reincorporo. En la parte anterior de mis piernas, siento el crujir del banco sobre el que estoy sentado. En ese instante mis pupilas se dilatan al advertir vida entre las vetas de la madera.