Feed, el éxtasis de la virtualidad

30Jun07

Kurt Hentschlager, artista interesado en el estudio del impacto de la tecnología sobre la percepción y conciencia del individuo. Entre sus obras, destaco Feed, entorno immersivo que provoca una sobreexcitación sensorial y pérdida total de la concepción espacial, acercando al individuo a la idea de ciberespacio, convenciéndole de la incapacidad de control sobre su propio cuerpo.

La performance empieza antes de entrar en la sala. Tú, como individuo que desea someterse a esta misteriosa experiencia, debes firmar un contrato en el que aseguras no padecer ningún síntoma epiléptico, ni patologías nerviosas, ni afecciones respiratorias, ni coronarias. Al firmar el contrato, te entregas a dicha experiencia.

Seguidamente, entras en la sala previamente aislada, en la cual debes elegir una de las 50 sillas dispuestas en fila, dirigidas hacia una gran pantalla. Aumenta la excitación al percibir en la sala, unos 5 asistentes estratégicamente posicionados.

Una vez los 50 individuos os habéis sentado afirmando que os entregáis a tan misteriosa experiencia, aparece una voz dándote la bienvenida y recordándote de nuevo el peligro que puede causar la exposición a ésta. En tal caso, si empiezas a sentirte indispuesto durante lo 50 min de experiencia, debes acercarte despacio al asistente más cercano para que te ayude a abandonar la sala. La voz te desea un buen viaje e inmediatamente aparece el sonido envolvente, se apagan las luces, y se enciende la pantalla.

Allí un cuerpo en 3D, monocromo, famélico, desnudo y asexuado, flota en la nada. Incapaz de controlar su físico, cuyos movimientos viscosos, los provoca el medio y el sonido, que inunda la sala, que te rodea inexorablemente, a ti también. Progresivamente el sonido va teniendo cada vez más altibajos. Aparecen entonces en la pantalla, réplicas flotantes del primer cuerpo. Todos, golpeados por las puntas de sonido que cada vez son más pronunciadas. La pantalla, entonces empieza a apagarse y a encenderse, a intervalos progresivamente menores. Tú, ya has pasado a otra fase: has perdido los límites de la pantalla. Ahora ves los cuerpos flotando en el mismo espacio que estás tú. Percibes los golpes del audio en tu cuerpo. Se ha establecido un vínculo sensorial con los seres flotantes.

Se apaga la pantalla. Quedan todavía 30 min de exposición.

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Desde el suelo y alrededor de tu silla, oyes y ves aparecer, fuentes de niebla invadiendo tu espacio. Estás aislado. Sólo te ves a ti mismo encerrado entre etereas paredes blancas. Ni siquiera eres capaz de ver a las personas que estaban sentadas a derecha e izquierda, ni a la de delante ni atrás! El pulso se te acelera, una sensación claustofóbica te invade instintivamente. Aceptas el aislamiento, deseando que la experiencia vaya a más!

Ha llegado el momento: acabas de entregar definitivamente tu cuerpo a esta nueva realidad.

El humo blanco empieza a desvanecerse y entre los huecos se filtran haces de luz estroboscópica, mezclada con ultrasonidos.

Has perdido el control de tus sentidos. Ahora el medio y el audio te dominan. Tus ojos son incapaces de ver con objetividad: ves con el cerebro.

Los pulsos de luz intermitentes provocan en tus neuronas un espacio tridimensional en movimiento constante: lineas y puntos se desplazan en perspectiva rodeándote. Tanto si miras hacia delante, como hacia atrás, o los lados. Si parpadeas, cambias la percepción de ese nuevo espacio: las lineas se juntan, se separan, cambian de grosor, incluso de color, de intensidad. Aunque cierres los ojos, lo ves. Tú estás allí, en la realidad virtual. Te es imposible escapar, porque ni eres capaz físicamente, ni tampoco deseas hacerlo. Estás en trance, en éxtasis con el medio. Eres parte de esa inmaterialidad.

Sensación virtual insospechadamente placentera que provoca un éxtasis incomprensible, que perdura días después de haberla vivido.

(Por supuesto, la cámara, desprovista de cerebro, no capta más que el cambio de la intensidad de luz)

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